miércoles, 20 de febrero de 2008

¿Qué fue antes, el huevo o la tortilla?



Surgió una reflexión en una sobremesa hace unos días. ¿Habremos hecho una reforma sanitaria ejemplar en España?; o más bien habremos narrado como épica de reforma una serie de acontecimientos sobrevenidos al sector sanitario, y en el cual el escaso peso político de la sanidad ha sido ocultado con una retórica reformista...

Un ejemplo: La Ley General de Sanidad, universalizó la asistencia ... cuando ya la Seguridad Social la había generalizado a casi toda la población; ¿no sería que el régimen residual de la beneficencia para pobres era tan incómodo de gestionar por diputaciones y ayuntamientos, que simplemente éstos se lo sacudieron de encima y les dieron cartilla de la Seguridad Social?.

Otro ejemplo: Pasamos de un sistema “Bismarck” de seguridad social financiado por contribuciones de trabajadores, a otro “Beveridge” de sistema nacional de salud financiado por impuestos ... pero ¿no sería más bien que la Seguridad Social se replegó para garantizar las prestaciones “contributivas” y expulsó de su seno a todo lo que no encajaba con este esquema (sanidad y servicios sociales)?.

Podríamos poner otros muchos más. Quizás sea injusto decir que no ha habido un frente reformista con méritos propios. Pero la bajísima prioridad política de la sanidad, ha hecho que ningún gobernante asuma realmente riesgos en promover cambios que signifiquen costes políticos o económicos relevantes.

De hecho, si miramos a fondo la Ley General de Sanidad (1986) y la Ley de Cohesión y Calidad (2003) veremos la escasísima potencialidad regulatoria que conllevan: ¿qué cosas que antes de estas Leyes no se podían hacer ahora se pueden, y qué cosas que antes se podían hacer, ahora no pueden hacerse?.

Por lo tanto parece que nos hemos especializado en aprovechar eventos externos para componer piezas de nuestra reforma sanitaria, y para elaborar una narrativa épica que embellezca nuestro pasivo papel.

Se suele decir que para hacer una tortilla hay que romper huevos. En la reforma sanitaria española parece que por no romper huevos, hemos usado los que se había caído al suelo para hacer nuestra tortilla.

4 comentarios:

Juan Hernández dijo...

Algunas reflexiones rápidas:

- La sanidad nunca ha sido una prioridad política sobre todo porque no es un tema "político" para los propios ciudadanos, que la viven (cualitativamente) como un asunto básicamente personal, especialmente cuando no hay, salvo en la farmacia y el dentista, copagos, ni riesgo de arruinarse para poder acceder a tratamientos vitales. No eligen su voto en función de las agendas sanitarias de los partidos, porque estas en realidad no existen como algo tangible, relevante y diferenciable (no hay modelos alternativos). Las exigencias, en todo caso, son micro, aunque los problemas de fondo en realidad sean macro.

- De ahí que los partidos, como en tantos otros temas, se limitan a centrar sus programas en los problemas que la gente entiende como políticos (economía, seguridad, inmigración, terrorismo...). Y donde no hay un problema político, ¿por qué crearlo con alternativas rupturistas?

- Y, además, hoy en día el ámbito político donde hipotéticamente se dirimirían las alternativas sanitarias serían las CCAA que, aunque tienen las competencias de organización y gestión (lo visible), carecen de capacidad legal para proponer reformas rupturistas en el modelo (lo invisible... salvo para los expertos).

- Las tres leyes sanitarias de la anterior legislatura (estatuto merco, cohesión, LOPS) fueron aprobadas por consenso. ¿Cómo iba a ser eso posible si existieran dos o más modelos alternativos de sanidad pública?

- El capital (perdón por utilizar términos tan antiguos) está encantado con el modelo actual: ciudadanos que se ceban con su centro o profesional sin dotar de cualidad política a sus problemas de servicio; políticos conformistas y autistas dentro de su marco competencial, sin asumir que no es posible solucionar problemas globales con abordajes puramente locales; profesionales quemados que adoptan como filosofía el nihilista "sálvese quien pueda" y organizaciones profesionales conniventes con el sistema (lo primero, no molestar, no vaya a ser que alguien decida cambiar el estatus quo), cuando no claramente al servicio de intereses privados...

- Si ni los ciudadanos, ni los profesionales (y sus organizaciones), ni la industria, ni nadie plantea conflictos con el modelo actual, ¿por qué van a preocuparse los políticos por un problema que no existe?

- A algunos sí nos preocupa, sobre todo pensando en los problemas por venir. Pero me temo que estamos muy lejos de la realidad social.

Perdón por la exyensión; prometo ser más bueno en adelante. Un saludo a todos.

José Repullo dijo...

¿De donde saldrá el martillo que rompa esta cadena ... de intereses y círculos viciosos?
En el fondo la reflexión es sobre la manera de crear alianzas, generar y difundir nuevas ideas (otro mundo es posible), y gestionar los cambios en entornos con grandes dependencias de senda.
Lleva tiempo, pero se puede; mi duda íntima es si la humanidad tienen tanto tiempo por delante como para permitirse que actúen los modelos evolutivos convencionales ...

Anónimo dijo...

Pues personalmente creo que no había ninguna inevitabilidad... podía haber ido todo en otra dirección. Véase el Montepío Textil de Enfermedades, usado en tiempos de UCD para descapitailzar y fragmentar más el sistema heredado de la dictadura. Además, al aprobarse la Ley General de Sanidad, el paro estaba haciendo retroceder la cobertura cuasi-universal alcanzada años antes por la seguridad social. Creo en la narración (poco épica) de la transformación de un sistema corporativista, fragmentado, público y mal gestionado en unos tiempos en que la necesidad y un cierto modelo compartido lo llevó en una dirección. A mi me parece que el fruto, en lo macro, es relativamente razonable para los que compartimos algunos valores de equidad (y también de eficiencia). Aunque nos quede mucho por hacer y mejorar.

José Repullo dijo...

Gracias por tu comentario; obviamente al hablar de la tortilla he intentado provocar un poco; decir que no gozamos de tantos grados de libertad como creemos; y que he echado de menos figuras de talla, estadistas, gente capaz de crear a partir de una idea, de educar a una generación.

Pero esto no significa que como generación no hayamos hecho cosas valiosas ...

¿medio llena o medio vacía?
en fin ...