lunes, 12 de mayo de 2008

Lo cortés es condición para lo valiente


Mi buen amigo Joan desde Baleares me envía esta aportación suya al blog; aprovecho para agradecerle que nos siga y que participe en estas reflexiones que hacemos para que las cosas importantes no se nos escapen de entre las manos, y queden sepultadas en el aluvión de pseudo-noticias.

Joan López no sólo defiende la ética en la relación médico-paciente; la practica; personas consecuentes como él, son simplemente indispensables.

Ahí va su contribución a este modesto blog ... Gracias Joan

Repu



Una amiga mía se quejaba de que, debiendo acudir a un servicio médico de un gran hospital, fue atendida con despotismo por un médico. Reprendido éste por una enfermera contestó: “esto no es una ONG”. Seguramente, en su soberbia, el médico se creía un gran profesional puesto que estudiaba y se le reconocía efectivo en su trabajo.

Sin embargo, escribe Michael W. Kahn en el último número de la prestigiosa revista médica (N Engl J Med 358;19. May 2008) que los pacientes dan por supuesto el conocimiento en los médicos y que lo que valoran es el respeto y la amabilidad. Los pacientes suelen quejarse de que los médicos sólo miran el ordenador, que nunca sonríen o que no les escuchan lo suficiente.

Kahn propone una medicina basada en los buenos modales y propone, por ejemplo, pedir permiso para entrar en la habitación y esperar la respuesta; presentarse; dar la mano al paciente; sentarse, sonreír si procede; explicar brevemente su papel en el equipo; preguntar al paciente como se encuentra en el hospital.

En la Atención Primaria podríamos añadir recibir al paciente de pie y darle la mano y despedirle del mismo modo y escucharle mirándole a los ojos y no tecleando el ordenador. En definitiva, se trata una vez más de poner la profesionalidad del médico y la satisfacción del paciente en el centro del encuentro médico.


Joan López Ferré.

Médico.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo, pero algunas cosas de las que se citan también deberían recordarsele a los pacientes y por supuesto si sólo tengo unos 3 minutos por paciente veo dificil sonreir pues estaré desbordado, veo dificil mirar a la cara al paciente pues no podré explicarle porque sólo le dedico esos 3 minutos, y no podré levantarme para recibirle y despedirle pues la consulta real se reducirá a 1 minuto, no obstante siempre intento sonreir, mirar a los ojos y los días que tengo menos de 50 incluso hago chistes.

José Repullo dijo...

Cuando se hace medicina de guerra, cabe poco más que el triaje y el bisturí... Pero hay que reconocer que muchos compañeros que tienen oportunidades de mirar y saludar, se refugian en una cueva desde donde gruñen y encaran hostilmente a cualquiera que asome por la puerta...
Un abrazo

Anónimo dijo...

Ciertamente, en muchos casos, la falta de tiempo de dedicación por paciente puede "justificar" (o, mejor dicho, hacer comprender) determinados comportamientos "poco adecuados"....., pero, a mi, personalmente, me ha entristecido siempre mucho, que algunos colegas que no tienen "tiempo" para ser educados y escuchar - mirar a sus pacientes, lo tuvieran, sin embargo, para recibir y atender a los visitadores médicos, a los que si saludaban, estrechaban la mano y miraban a los ojos. Sin comentarios .......

Anónimo dijo...

Queridos amigos esta es la mia, para contaros una historia y que por lo que nos cuentan muchos no es que sea real sino que se da en múltiples ocasiones.
Para preservar el anonimato de la persona intentare que no se me escapen nombres.
Hace unos días Maria (que la llamaremos así) junto con su marido y su nieta tienen un accidente de trafico camino de su domicilio en el que van a disfrutar de una comida familiar. Para resumir pero como se que os hacéis idea de la situación, empezaremos:
Accidente grave de coche, bomberos que tardan una hora en rescatar a una de las ocupantes,(afortunadamente dos de ellos salen por su propio píe aunque con fracturas relativamente leves).
Ambulancia con dos conductores que transportan a la herida en sus plenas facultades después del rescate a un hospital general, conductores que no solo llevan la radio puesta en emisora joven sino que a un volumen desconsiderable para llevar paciente.
Paciente que hace un sobreesfuerzo humano cuando por su cabeza solo aflora la supervivencia de llegar con vida a donde sea……..en un grito angustiado pide que paren la ambulancia porque va dando tumbos de un lado a otro la camilla en la que la llevan camino del hospital aunque parece, mas camino de hacer botellón…..Conductores que al oír las voces de su clienta se dan cuentan paran y comprueban que efectivamente la camilla o como se llame van sueltas las cintas o los tornillos o lo que sea ..eso si piden perdón por lo sucedido y consiguen llegar al hospital…Sin mediar palabra alguna, mas que entre ellos..la persona que recibe a Maria en la urgencia se limita a coserle la cabeza limitándose a decir: que te va doler pero no te vas a enterar..Maria sigue pensando en sobrevivir y agarrarse a la vida como sea……Le dan sus puntos y sin limpiar y sin más….se la tienen que llevar a otro hospital porque ese no le corresponde. Maria llega al segundo hospital donde la dejan ingresada en observación por el golpe de la cabeza, (nadie le limpia los restos de sangre del pelo ni la cara ni nada, y Maria llora, sigue viva pero ya empieza a sentir fuertes dolores, siente que el corazón se le va a salir… recuerda Maria que tenia una herida grande en el codo que ahora no consigue ver pero sigue con ella al aire, Maria como es de pueblo y lista sabe que esa herida estaba en contacto con hierros y tierra en el accidente y pide que le pongan la antitetánica…Maria ruega que se la pongan.
Pasa dos días en observación pero Maria sigue sin encontrarse bien y en plenas facultades recuerda que es diabética y les recuerda que por favor quiere ver a sus hijos. Nadie entra por esa puerta en la que Maria ha fijado los ojos. Tiene hambre y sed, nadie le pregunta cuanto tiempo lleva sin tomar nada…..solo sabe que sigue con vida pero no sabe si su nieta y su marido están bien, nadie le informa. Y Maria sufre de dolor al pensar que pueda haberles pasado algo, ella al menos sigue respirando y puede mover los brazos y las piernas.
Maria es dada de alta sin mas datos que un informe medico atiborrado a medicación que ni ella entiende el porque….y sin mas sale del hospital, al ver a su familia comprende que están bien, mejor que ella que sigue con su fuerte dolor del alma y como no del pecho. Maria llega a su casa, Maria no puede andar, Maria apenas puede respirar. Maria es llevada nuevamente al tercer hospital, de urgencia, donde ven que tiene una fractura del tobillo bastante seria, fractura del codo y escayola al canto…
Maria, cuando voy a verla, encuentro a una persona encantadora de 74 años conciente en cada momento de todo lo que ha vivido. Ha pasado un mes desde el accidente solo ha sido vista por el trauma que sin mas la pasan a unas consultas donde vuelven a prohibir estar a ningún familiar dentro y Maria vuelve a salir al cabo de dos horas con su misma escayola y sin ninguna palabra amable…Maria si es un encanto. Yo la quiero, y no es familia. Es la historia de hombres y mujeres que cada día tienen su vida en las manos de los que consideramos profesionales de la salud…quiero dejar constancia de esta historia, no porque siempre se habla de las malas acciones es que en sanidad debería de estar penalizadas las malas y premiadas las buenas. Es una afirmación. Y por eso pregunto: ¿Qué les pasa a nuestros sanitarios? ¿Qué formación o educación tienen los conductores de ambulancias que ganan más que las TCAE por tener un carné de conducir? ¿Nadie supervisa el trabajo de la urgencia para que no se escape el más mínimo detalle? ¿Qué formación tienen los que están en urgencias?, sabemos que son casi todos universitarios. Por mucha carga de trabajo, que este caso no fue así ¿Qué les pasa al personal?..Si en una empresa sea la que sea, alguien hace el trabajo mal hecho sabe a lo que se expone ¿No? Si en sanidad lo hacemos mal las consecuencias pueden ser mortales y sin embargo… Sé que hay una desidia entre lo publico pero eso no da derecho a tratar mal a nadie a ningún paciente ni familiar, y no podemos refugiarnos en los problemas internos sino sabemos a su vez defenderlos para justificar estas acciones. No podemos decir que nadie tiene derecho a agredir a los profesionales cuando desde dentro nadie controla si lo hacemos bien o mal. ¿Qué pasa?, ¿Qué está pasando?..
Maria sigue en estos momentos sin ningún control de nada con la misma medicación que le pusieron en urgencias. Tiene hipertensión, diabética, sigue sintiendo una opresión en el pecho fuerte, hace un esfuerzo por levantarse no ser dependiente y asearse sola...Maria es una gran mujer pero le han aconsejado que en sus condiciones es mejor una residencia.
Maria solo tiene 74 años y se muere de tristeza.

José Repullo dijo...

Caray con la historia...
Como imaginarás, no caben comentarios al caso, sino sólo silencio reflexivo y examen de conciencia.
Me vienen a la cabeza tres cosas:

primera: que hacemos una medicina atolondrada e insensata; y que además hay algo de culpa en ello; esto es lo que Juan Gervas ha llamado atrevidamente "malicia sanitaria"; os paso la referencia de un trabajo muy comprometido de Juan, donde patenta el término

http://www.gacetamedicabilbao.org/web/es/paper.php?doi=070037jg

segundo: la vivencia personal de que todo el mundo está jugando a poner una técnica o un aparato entre el enfermo y el profesional; high tech y low touch; en un reciente ingreso de un familiar, no vi más que a la residente, y distinguía a las enfermeras por ser las que entraban con un aparato o instrumental; sólo las auxiliares y celadoras tocaban al enfermo...

y tercero: el mito de la calidad científico técnica como dominante sobre las demás "calidades" cobra fuerza en el imaginario colectivo; en la tele, aunque borde, el Doctor House al menos salva vidas; nuestros doctores y enfermeras tipo "House" no sólo son inclementes, sino que además con frecuencia disminuyen la salud y la calidad de vida.

Gracias por la historia que nos traes, buen amigo anónimo

repu

Edmundo Dantes dijo...

Yo soy un afortunado en relación al "comentarista" anterior. Tengo una media de 50-55 pacientes días y mi agenda de "cantidad" me otorga la exagerada cantidad de 4 minutos por paciente.
A pesar de ello, hay algunas veces, que me levanto y recibo con un beso a la paciente, o con un abrazo complice. No sé si soy un buen médico, pero me gustaría llegar a ser un medico bueno. Pero mi propia condición me lo impide. No soy el mismo a las tres que a las nueve. Ni el mismo el lunes que el viernes, donde ya las fuerzas y con ellas las convicciones es solo un vestigio. Cuando oigo a mis colegas en posiciones tan parecidas a las que sufro recuerdo una sentencia de Repullo "cuando sobre un tema complejo, todos piensan igual, es que unos han dejado de pensar, y otros, ha dejado de decir lo que piensan". ¿Ocurrirá aqui lo mismo? ¿O es que no podemos pensar, ahogados en sentimientos? ¿Cuantos de nosotros trabajamos en medicina de guerra? Y sobre todo, ¿a quien le importa este conflicto?